Sin querer, se volvió una de mis inspiraciones más profundas cuando nuestro tiempo para conversar se terminó. Lo extraño cada día.
Cada año es más "llevadero" dirían algunas personas, o que "uno se va acostumbrando". La verdad es que las lágrimas siempre brotan cuando no se puede hacer más que extrañar a alguien, y la rabia siempre crece cuando las razones por las que mi papá dejó este mundo son sistémicas y desprendidas de la injusticia gobernante de este mundo.
Nuestra historia no siempre estuvo llena de amor; al contrario, por muchos años detesté a mi papá. Él vivía enojado, estresado, gritándole a la gente. Por mucho tiempo sentí que tenía un carácter insoportable, e incluso al vivir juntos no nos permitía compartir plenamente. Pero al comienzo de mi vida y al final de la suya, nuestro vínculo fue sagrado.
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